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sábado, 24 de mayo de 2014

El jefe que usted desea tener



Casi todos tenemos una imagen clara del tipo de persona que nos gustaría que fuera nuestro jefe:

Una persona inteligente, conocedora del negocio y sus secretos, dispuesta a seguir aprendiendo y a escuchar sobre nuevas tendencias. También debe ser alguien con ideas claras y mente abierta, capaz de transmitir su pensamiento de una manera directa, concreta y verosímil. Sería de gran ayuda que entre sus cualidades estén la tolerancia, la paciencia y la habilidad para ver las cosas desde la perspectiva del otro.

Sin duda, debe ser una persona que convoque, inspire y señale el camino, al mismo tiempo que tiene la confianza necesaria en sus colaboradores para dejar que pongan en acción su estilo personal de trabajo y logren los objetivos usando sus propios métodos. Su capacidad para mantenerse al tanto de la situación -sin interferir constantemente en cada detalle del quehacer de su equipo- es tan valiosa como el interés personal que tiene en cada miembro del mismo, para ayudarle a desarrollar su capacidad, con respeto y aprecio auténticos.

Alguien que logra resultados con la gente y para la gente pues, aunque conoce y maneja con propiedad los números e indicadores, siempre tiene en mente que la misión de la organización está enfocada a mejorar la calidad de vida de clientes, proveedores, colaboradores e inversionistas. Además, está perfectamente consciente que su capital más valioso es un equipo de trabajo comprometido, por ello se esfuerza diariamente en proveer el ambiente y las herramientas que le facilitarán el logro de las metas propuestas. Definitivamente, es un líder que tiene autoridad moral para pedir un esfuerzo extra porque él mismo está dando el 110% a cada paso.

El jefe que desearíamos tener es un ejemplo a seguir: un ser humano cálido y comprensivo, así como un profesional íntegro, ético e inspirador. Ahora bien, piense por un instante: lo que usted desea ver en su jefe ¿sus colaboradores, compañeros y clientes lo ven en usted?

Comprométase con su desarrollo personal y sea el jefe que todos desean tener.

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viernes, 16 de mayo de 2014

Lenguaje corporal y asertividad



La asertividad es una técnica emocionalmente inteligente para hacer respetar nuestras ideas, opiniones, derechos y deseos, al mismo tiempo que tomamos en cuenta las posturas emocionales e intelectuales de la otra persona, a fin de encontrar un acuerdo de mutua conveniencia o, por lo menos, dejar claro nuestro punto de vista. La asertividad conjuga la expresión verbal y corporal, por ello es necesario que nuestras expresiones sean complementarias y den fuerza al mensaje que queremos manifestar.

Son tres los elementos principales que debemos armonizar en nuestro lenguaje corporal: 

1. Postura y mirada

Debemos mantener una distancia adecuada, no demasiado cercana para que no parezcamos amenazantes, y procurar mantenernos bien erguidos si estamos de pie o sentados con una leve inclinación hacia adelante. La mirada debe mantenerse en el rostro de nuestro interlocutor. Necesitamos mostrar seguridad, sin ser desafiantes y estar relajados sin caer en la apatía.

2. La expresión facial

Nuestro rostro debe dar señales claras de cómo nos estamos sintiendo: si estamos satisfechos debemos sonreír, si estamos dudosos o insatisfechos una mirada puede transmitir nuestra inquietud. Recordemos que se trata de manifestar nuestro acuerdo o desacuerdo con la situación y no de evaluar a la otra persona, por ello debemos cuidar que nuestro gesto no la incomode u ofenda.

3. El tono de voz

Es frecuente que cuando nos sentimos frustrados elevemos el tono de voz y es cuando empezamos a perder credibilidad frente al otro, además, también puede evidenciar que nos sentimos fuera de control y de esa manera se dificulta que la otra persona esté dispuesta a escucharnos. Es importante que el volumen de voz y la elección que hacemos de las palabras denoten respeto hacia el otro y seguridad en nosotros mismos, esto es, sin mostrar desafío o arrogancia.

Una vez que logramos que nuestro lenguaje verbal y no verbal proyecten la misma intención estamos listos para tener un diálogo constructivo, donde podremos colocar nuestras ideas en el centro del debate, manteniendo una actitud cordial y firme al mismo tiempo. Es así como lograremos sentar posturas, negociar acuerdos y dirimir diferencias, sin crear tensión emocional o caer en descalificaciones. Mantener una actitud positiva, propositiva y calmada será nuestra mayor ventaja al confrontar desacuerdos.

Prepárese para comunicar efectivamente en forma verbal y no verbal. Visite nuestra página y conozca nuestra formación especializada http://nuevoleon.dalecarnegie.com.mx/ .