jueves, 29 de mayo de 2014

Ayude a sus colaboradores a enfocarse



Cuando un equipo está trabajando en varios proyecto simultáneamente es fácil que los esfuerzos comiencen a dispersarse, que se dé prioridad a algunas tareas en detrimento de otras –aunque todas sean igualmente importantes- y que cada colaborador se dedique a lo que le sea solicitado de momento, con perjuicio para aquellas cosas de las cuales no se hace seguimiento puntual. ¿Qué hacer en estos casos? Aquí le damos tres ideas para ayudar a sus colaboradores a enfocarse.

Lo primero que debe hacer es asegurarse de ser un referente para sus colaboradores. Esto quiere decir que cada vez que ellos lo vean y escuchen usted les recuerde para dónde van.

Además, usted puede ayudarles a organizar sus prioridades. Usted no debe suponer que su equipo entiende la importancia que cada proyecto tiene, parte de su trabajo es que ellos comprendan cómo repercute en los resultados organizacionales el avance en cada uno de éstos.

En tercer lugar, ofrecer retroalimentación constante. Nuevamente, su equipo no puede adivinar si las tareas que realiza diariamente tienen el impacto esperado. Usted puede estar muy ocupado y aun así es necesario que encuentre los espacios adecuados para decirle a cada miembro del equipo acerca de sus fortalezas y áreas de oportunidad, así como la manera en que está contribuyendo efectivamente al logro de las metas propuestas.

Considere que cuando su gente distrae la vista del punto que usted señala en el horizonte no es porque no esté comprometida o sea apática, por el contrario, puede ser que está distraída porque su enfoque mental está diluido en múltiples puntos que se le han marcado en diferentes momentos y por diferentes personas. Algunas veces, un directivo señala una cosa, el director de división pone otra en el panorama y el jefe inmediato una más, y ninguno de los tres le muestra al equipo la manera en que esos tres puntos se conectan, suman y apoyan entre sí, allí puede estar la causa de que los colaboradores no encuentren un objetivo en el cual concentrarse ni cómo atender a los múltiples requerimientos que les hacen. Recuerde que la misión de un líder no sólo es mostrar la meta, sino también acompañar al equipo a alcanzarla y para ello necesita marcar el rumbo, detenerse de vez en cuando para asegurarse que todos tienen claro el destino y, si hace falta, dar indicaciones para que todos sigan la senda marcada.

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El liderazgo empieza en su escritorio



¿Ha tenido que acercarse a una persona para pedirle un documento y pasar de 10 a 15 minutos esperando a que revise su archivero, folios y cajones antes de localizar el papel solicitado?

Sabemos que hay cosas debemos hacer periódicamente: presentar un informe de resultados, viajar a las sucursales de la empresa, reunirnos con los socios, entre otras cosas. Entonces, ¿por qué no colaborar con lo inevitable? tal como postula Dale Carnegie en Cómo suprimir las preocupaciones y disfrutar de la vida. En vez de posponer de manera consciente lo que sabemos que se debe hacer de todas maneras, podemos encontrar el modo de hacernos más efectivos en la realización de esas tareas a fin de disponer de más tiempo para actividades que sean de mayor interés y agreguen valor a la dinámica organizacional, sumando a esto la imagen profesional que proyectamos al anticiparnos a aquellas cosas imprescindibles. Por ejemplo, respecto a los informes, el hecho de mantener actualizados y a mano los datos de mayor relevancia para nuestra posición ya es un acto que denota una visión clara de lo que se espera de nosotros y de nuestro aporte a los objetivos organizacionales. Esto es esencial porque, como lo menciona Peter Drucker en El ejecutivo eficaz, “los hechos exteriores rara vez aparecen registrados en cifras antes de que sea tarde para utilizarlos”. Del mismo modo, tener un plan de acción ante posibles situaciones conflictivas es algo que debe elaborar en su escritorio -estudiando con calma los recursos disponibles y las mejores soluciones-, no en medio de los ires y venires de un imprevisto.

Estos sencillos ejemplos sirven para ilustrar cómo el liderazgo empieza sentados en nuestro escritorio, diseñando y sistematizando nuestras labores cotidianas para hacerlas en el menor tiempo posible, con el mínimo esfuerzo y con la mayor calidad, porque “la eficacia es una hábito, una suma de acciones repetidas”, diría Drucker. Todas las acciones que usted despliegue en una conferencia, en la visita a un proveedor o a un cliente o en una junta de seguimiento es algo que previamente tuvo que estudiar y preparar sentado en su oficina: leyendo, redactando, analizando…, es decir, planeando. Una imagen que puede ayudarnos a darle la importancia necesaria a nuestras actividades de planeación y organización es vernos como estrategas militares, que antes de saltar al campo de batalla debemos calcular costos, beneficios, recursos y el mejor medio para lograr la victoria. De esa manera evitaremos retrasar o ejecutar con poca calidad aquello que sabemos que es parte ineludible de nuestras funciones.


Con estas ideas en mente, le invitamos a que conozca nuestra formación especializada para ayudarle a optimizar sus esfuerzos y obtener los resultados que su organización requiere. Visítenos en http://nuevoleon.dalecarnegie.com.mx/ 

sábado, 24 de mayo de 2014

El jefe que usted desea tener



Casi todos tenemos una imagen clara del tipo de persona que nos gustaría que fuera nuestro jefe:

Una persona inteligente, conocedora del negocio y sus secretos, dispuesta a seguir aprendiendo y a escuchar sobre nuevas tendencias. También debe ser alguien con ideas claras y mente abierta, capaz de transmitir su pensamiento de una manera directa, concreta y verosímil. Sería de gran ayuda que entre sus cualidades estén la tolerancia, la paciencia y la habilidad para ver las cosas desde la perspectiva del otro.

Sin duda, debe ser una persona que convoque, inspire y señale el camino, al mismo tiempo que tiene la confianza necesaria en sus colaboradores para dejar que pongan en acción su estilo personal de trabajo y logren los objetivos usando sus propios métodos. Su capacidad para mantenerse al tanto de la situación -sin interferir constantemente en cada detalle del quehacer de su equipo- es tan valiosa como el interés personal que tiene en cada miembro del mismo, para ayudarle a desarrollar su capacidad, con respeto y aprecio auténticos.

Alguien que logra resultados con la gente y para la gente pues, aunque conoce y maneja con propiedad los números e indicadores, siempre tiene en mente que la misión de la organización está enfocada a mejorar la calidad de vida de clientes, proveedores, colaboradores e inversionistas. Además, está perfectamente consciente que su capital más valioso es un equipo de trabajo comprometido, por ello se esfuerza diariamente en proveer el ambiente y las herramientas que le facilitarán el logro de las metas propuestas. Definitivamente, es un líder que tiene autoridad moral para pedir un esfuerzo extra porque él mismo está dando el 110% a cada paso.

El jefe que desearíamos tener es un ejemplo a seguir: un ser humano cálido y comprensivo, así como un profesional íntegro, ético e inspirador. Ahora bien, piense por un instante: lo que usted desea ver en su jefe ¿sus colaboradores, compañeros y clientes lo ven en usted?

Comprométase con su desarrollo personal y sea el jefe que todos desean tener.

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El éxito siempre es colectivo



Es un hecho: nuestro éxito siempre está en relación directa con la cantidad de personas que desean que tengamos éxito. Es lógico pensar que cuantos más individuos coloquen a nuestro favor sus conocimientos, contactos, experiencia y recursos, más probabilidades hay que logremos nuestros objetivos. Ahora bien, ¿dónde podemos encontrar gente interesada en ayudarnos? Por supuesto, entre nuestra familia, amistades, compañeros de trabajo y conocidos.

A nivel organizacional, las personas que comparten una visión y unos objetivos están más dispuestas a contribuir de manera activa al éxito de un proyecto. Por ejemplo, pensemos en Steve Jobs sin Wozniak, Atkinson y Jonathan Ive ¿tendríamos hoy el IPhone, IPad y toda la gama de aparatos con que Apple revolucionó el mundo? Consideremos también a Andrew Carnegie, gran industrial del acero en Norteamérica, quien tuvo un origen modesto y llegó a ser uno de los hombres más adinerados del mundo en su época. El secreto de su éxito lo dejó plasmado en su epitafio, como testimonio de vida: “Aquí yace un hombre que supo rodearse de hombres más capaces que él”. Apoyando esta noción, existe una frase que afirma: “si queremos avanzar rápido caminemos solos, si deseamos llegar lejos avancemos en equipo” y en realidad resume bien lo el alcance que podemos tener en cada caso. En cuanto nosotros estemos más orientados a obtener el resultado deseado que a reclamar el crédito por éste, también podemos confiar en que nuestro vínculo con nuestros colaboradores se fortalecerá a través de todo el proceso. Ningún hombre, por talentoso que sea, tiene la capacidad de impactar ampliamente su entorno si no cuenta con personas dispuestas a creer y materializar su visión.

Con esta idea en mente debemos empezar a valorar de qué modo las personas que nos rodean están contribuyendo a nuestro éxito y qué podríamos hacer para que ellas, a su vez, logren sus metas. Recordemos que, incluso, en la Biblia dice que “no es bueno que el hombre esté solo” y eso se debe a que el máximo potencial de un individuo se alcanza por medio de su asociación y complementariedad con otros.

Busque sinergia con otros  y consiga aliados para realizar su visión.

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¿Reprender o apoyar?



Cuando el lic. Pérez supo que los resultados de la campaña para atraer nuevos clientes no eran los deseados, su primera idea fue encontrar a un ‘culpable’ para colocar sobre él la carga de la desilusión de la directiva y de todo el equipo, así como para decirle lo que podría suceder con su permanencia en la empresa si las cosas no mejoran para el siguiente trimestre. José, como coordinador de marketing, fue visitado en su oficina y reprendido delante de sus colaboradores por el lic. Pérez, lo que causó un momento incómodo para todos los presentes. Desde ese día el ambiente en el departamento es tenso y a José se le ve preocupado todo el tiempo.

¿Ha conocido una situación similar?

Hasta cierto punto es comprensible la reacción del lic. Pérez, pues debe rendir informe a la directiva y encontrar el modo de que la productividad aumente, sin embargo, es posible que si aborda la situación de un modo en que proteja la autoestima de José y los demás colaboradores todo resulte en mejores resultados a futuro. Según Dale Carnegie y Asociados, en el libro Cómo ganar amigos e influir en las personas en la era digital, el líder debe “ayudar a los individuos a asumir su responsabilidad al tiempo de manejar el problema existencial del fracaso, una batalla interna desmoralizante para cualquiera, (…) porque si la batalla se pierde el individuo aprenderá poco del error, tendrá una imagen disminuida de sí mismo, se volverá temeroso y aportará menos al éxito de la compañía”.

Cuando un colaborador encuentra respaldo y consideración de parte de su jefe en situaciones donde sabe que su desempeño no ha sido el esperado, desarrollará compromiso y lealtad hacia éste, porque percibe que valora su calidad humana, y la situación cambia de ser algo frustrante a una oportunidad para el aprendizaje. En estas condiciones, la mejor manera de tratar el tema es en una conversación privada personal o telefónica, donde se debatan con honestidad las áreas de oportunidad y las posibles soluciones. Cuando hay errores es necesario notificarlos, sólo hay que cuidar hacerlo del modo correcto, así el colaborador puede salir fortalecido y con una visión renovada de lo sucedido, a fin de capitalizar la experiencia en actividades y proyectos posteriores.

Adoptar este enfoque fomentará la confianza y la comunicación dentro de la organización, lo cual permitirá a los colaboradores crecer y madurar constantemente. ¿No es ésta la verdadera responsabilidad de todo líder?

Apoye a sus colaboradores y aumente su influencia sobre ellos.


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